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«Y ahora, por Dios, nada de imprecisiones,
el viento,
sobre la mesa revientan espumas, los muros no existen,
el viento».

-Enrique Molina-
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ABRIGO ROJO

A DIARIO

El Laberinto

viernes, 31 de agosto de 2012

LUNA DE AGOSTO

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LUNA DE AGOSTO














   Quizás pase algún tren sobre la media noche que llegue a punto de reparar los árboles escindidos, un verdadero tren en el que viajen los peines, la cafetera, las ráfagas de tomillo, las piedras con el romero, el sol a medio desvestir del final de la tarde, las horas desparramadas por las espigas y los ángulos cardinales, excedidos por la intención de la noche.



Quizás llegue el tren esperado durante días, cuyas estelas no acaban cuando los pies se han cansado de recorrer, puede que pase el humo en el que van las noticias de los días tren. (Pienso en las tardes sobre las ocho, aunque también puedo pensar en las tardes sobre las seis. Pienso en canciones, en corrillos cantando como campanas y en el sol que se muda de su color, según esas horas del día. Pienso en cada centímetro de reflejo con su caligrafía atroz y en las argollas que sujetaban la combustión de palabras). Puede que lleguen las arboledas hasta el confín, y que en el suelo se engarcen los cinturones y comiencen las piernas a girar y a girar, quizás pase otro tren con la melancolía de los silbidos y esa sea la vez en la que Cielo y Tierra se hayan cubierto de nieve.
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