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«Y ahora, por Dios, nada de imprecisiones,
el viento,
sobre la mesa revientan espumas, los muros no existen,
el viento».

-Enrique Molina-
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ABRIGO ROJO

A DIARIO

El Laberinto

viernes, 31 de agosto de 2012

ATARDECER

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ATARDECER














   Árboles en la entrada y árboles en la salida pero ahora es el atardecer. No queda sol y todavía el predominio es de la tarde, no ha salido la luna. Al fondo están: a la izquierda, la entrada, y a la derecha la posibilidad de salir. No puede ser más que así. Piedrahíta son las primeras horas que hacen heridas en la mañana, cuando aún no han surgido de la maleta los juegos envejecidos y todavía se siente el pan, se llora lo que haga falta y te demoras para salir, para salir, para salir.



Nunca me fue simpática esa ciudad, esa cabeza de partido, ese pueblo mayor en el que había bares, tiendas, casas tan desconocidas que ninguna de ellas las podía añorar, y sin embargo, estaba siempre presente. No sé por qué, anoche me fui a la izquierda y desde allí vi a mi madre, a una madre que caminaba en dirección al pueblo, tuve que usar palabras sigilosas para que no atrajeran respuestas, ellas son imprudentes; se pregunta para que quede dicha la juventud, se pregunta para que lluevan árboles, se pregunta por preguntar, por pasear, por pisar uno por uno cada metro de suelo, para perder el tiempo y dárselo al atardecer donde lo encuentro ahora.
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