.



























.



«Y ahora, por Dios, nada de imprecisiones,
el viento,
sobre la mesa revientan espumas, los muros no existen,
el viento».

-Enrique Molina-
.













.

ABRIGO ROJO

A DIARIO

El Laberinto

viernes, 22 de marzo de 2013

LA MAÑANA






LA MAÑANA












   Una silla, una mesa, una cocina, la calle. La luz, el sur, el norte, los mapas.  Las carreteras, los tiempos, allí, antes, después, ruido y silencio, eso es la luz.

Las copas de los árboles derramándose en flancos por la mañana, la puerta de la calle, a la derecha la calle, enfrente al techo y afuera, adentro del techo pero la luz. Y adentro la mañana toda estirada como hecha de las mañanas.

La luz gris e insinuante, eterna, estática, intemporal y el humo. Y el tazón y el barro y el invierno y marzo avasallando a abril, contiguo, marzo que se prolonga, se estira, se ralentiza, salta, se funde entre las partículas de la atmósfera llenas de ojos.

Y una puerta, tres escaleras, la estantería, no conocía la palabra, nada sabía de su vertiginosa afluencia, no conocía su inseparable prolongación y preguntaba y jugaba  y me escondía detrás en los puños todos los ecos. Y repetía una vez, otra vez, cada vez una nueva pregunta, tres escaleras, la estantería, y por la noche la puerta. Y al día siguiente vuelta a empezar, ¿qué puerta?, tres escaleras, ¿qué estantería?, y abril contra mayo avasallando a junio contiguo. Y todo es la atmósfera que se funde, se alarga, se ralentiza y se llena de luz y de ojos.
























Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...